2017 (Marina Mendonça Costa-Frossard)

Y no. Tampoco noté cómo todos los haces de luz regresaban uno a uno a su creadora. Cómo todos esos haces abandonaban las batallas que estaban ganando contra la oscura noche que me había acogido. Cómo todos y cada uno de ellos volvían a su creadora para, nada más y nada menos, ayudarla a nacer. Y cuando sus pechos y sus caderas, sus piernas y sus brazos, estuvieron formados, corrieron hacia ella todos los colores, como absorbidos por una fuerza desconocida. La rodearon y abrazaron con cuidado, dándole vida. Finalmente, un último haz de luz, que parecía haber estado perdido, la cubrió con delicadeza con un blanco y sencillo vestido. Después, la noche regresó recelosa a ocupar su puesto y se volvió a escuchar el murmullo del mar.

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