77 horas en la caja (Pernando Gaztelu)

Despierto. Un hilo de luz, una rendija a mi derecha. Puedo mover mi brazo derecho, pero no llego a tocarla. No puedo girar ni voltearme. La celda parece estar hecha a medida, estoy acostado sobre mi espalda y el techo está a un palmo de mis pectorales, si respiro hondo puedo tocarlo. Apenas puedo pasar los dedos de mi mano izquierda por encima. Mi brazo izquierdo condenado. Sólo puedo tocarme los dedos delas manos por encima del pecho o por detrás de mis nalgas. Tengo algo de espacio para mover la cabeza, el techo hace una rampa desde mi pecho y mi nariz no lo toca aunque mire hacia arriba o levante la cabeza. Seguramente está hecho así para evitar que nos golpeemos la cabeza e intentemos suicidarnos. No lo sé, ¿para que podamos pensar? Puedo abrir mis piernas un poco y tanteando con la mano encuentro un agujero debajo de mi trasero, un poco a la izquierda de la zona donde estoy apoyado. Debe ser para dejar caer allí mis excrementos. Con el talón del pie izquierdo descubro otro agujero. Me golpeo la rodilla con el techo. El hilo de luz desaparece por momentos. Es como si pasara alguien o mirara hacia adentro, pero no oigo nada. No me oigo ni a mí mismo cuando me muevo.

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