Su abogado (Aurelio Gutiérrez Cid)

El martes, por segunda vez esa semana, Sara se acostó con alguien que le hizo verdadero daño, la clase de encuentro que no compensa el dinero. Él era un juez, y sabía que ella ni siquiera protestaría, pues el mundo de Sara quedaba en un limbo legal y nadie salvo un chulo quizás más violento aún podía protegerla.
Mientras él se vestía, ella, tendida, no alzó la vista. Discretamente, accionó un pequeño mando y al espejo que había sobre la cama se sumaron varios más en las paredes, y en la entrada, al descorrerse los visillos que los cubrían.
Fue así como el Sr. Juez, que se preciaba de haberlo visto y hecho todo en su vida “del lado de la ley”, se vio obligado a ver su rostro. No lo pudo olvidar.

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