El Acantilado (Camila Vial)

El acantilado reposa al tiempo que lo ha tocado, ahí, muy cerca de ti, casi al lado. Sólo a alguna luna fría le ha contado la parte triste de su formación: «ya nada puede pasar mañana, han sido tantos los soles que me han alumbrado para apagarse después y otros miles de vientos los que me han arrasado, que ahora sólo veo muerte a mi alrededor.
Y llora el Acantilado. Aunque inmenso y devastadoramente bello, desconoce que en él, las flores siguen brotando. Ya ni siquiera lo sorprende un entusiasta cometa. Ya ni siquiera quiere mirar hacia arriba.
Y es que el muy despistado se cree mortal. Los valles que lo rodean ya están cansados de oír su llanto nocturno, – ¡no morirás!- le gritan. Pero él prefiere vivir su entierro.
Si al menos el cielo se vistiera de espejo, sabría el acantilado de su inmensidad. Ya no encontraría diminutas razones para esconderse del universo. Y tú, que vives tan cerca, podrías, incluso, enamorarte de él.

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