Achares (Yolanda Nava Miguélez)

Subió los diez pisos hasta la azotea. Por suerte no se encontró con nadie y evitó preguntas indiscretas. Desplegó con cuidado las alas y las sujetó a la espalda, tomó las cuerdas que pendían de ellas y las anudó a la altura del pecho. Lo más difícil ya estaba hecho, ahora sólo tenía que lanzarse y colar hasta la altura del quinto piso donde ella lo acunaba para la siesta. Una vez allí tenía que llamar su antención, hacerla mirar para que de una vez por todas se diera cuenta quién de los dos era de verdad un ángel.

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