Ácido (Ismael Figini)

El ácido carcome lentamente,  no hay agua que calme, no hay paz, es ácido mental, es fiebre, recuerdos, abstinencia pura quemando cada gota de sangre, cada vena.
Salgo a la lluvia, corro, quiero aprender a vivir. Un ave de metal vuela sobre mi, el sonido es chirriante y agónico, pero lo disfruto. La tormenta no me deja ver, siento que el águila me observa, me conoce, yo no paro de correr, la lluvia me limpia, destiñe mis párpados y borra los pensamientos, me vuelve alcalino; el ácido chorrea quemando el asfalto.
Las luces de la ciudad alumbran los charcos, miles de minidestellos, como arcoiris en el aire.
Las gotas de lluvia flotan, se vuelven espesas y brillantes, las atravieso, las salto, me voy acercando al aire, las piso como una escalera, las trepo y vuelo con ellas; ya no caen, suspendidas en el aire espeso como un magma, el águila de trueno arriba contemplando mi llegada. Yo subo, limpio de dolor, llego y me doy cuenta que sigo en mi casa, que soy ácido y que ni siquiera llueve.

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