Acorralado (Jesús Buendía Colmenero)

Y despierto. Parecía como si llamaran a mi puerta pero tengo dudas. Era un sonido hueco, nada familiar. Llevaba meses sin salir del mismo sitio, sin tan siquiera moverme de mi mullido bienestar, acariciando las horas conscientemente, dejándome llevar por el vaivén de mi electa ceguera. Pero ahora alguien perturba mi silencio, mi intimidad más precisa ¿Ha llegado mi momento? ¿Vienen a por mi? Nunca imaginé así mi final. ¿Por qué? Siento el placer más gozoso de mi existencia en esta soledad mística ¡Atrás! Comienzo a ser consciente de mis extremidades, lacias, adormecidas, inmaculadas, así debía permanecer. Vuelvo a escuchar el sonido en la entrada, siento miedo, es más fuerte, más cercano. Precipito mi final, no lo imaginé así, no quiero despegarme de mi angosto agujero. Más golpes, más intensos, casi puedo notarlos ya junto a mi, a escasos metros. Pánico, laberinto, una cascada, mucho dolor cercano, angustia…¿Qué es esto? Por favor, déjenme, así no, me desmayo. Nebulosa, quiero reconocer a mis atacantes pero estoy ebrio, no vislumbro, solo siento miedo. Continúa mi ceguera pero ya no es elegida. Aterrizo, huelo, siento, me acurruco por fin en los brazos de ella.

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