¡Adiós, cordura! (Desidiactivo)

Elsa miró con lástima al hombre al que había querido tanto. Famélico, con una estúpida mueca por sonrisa, empujaba un columpio vacío en el patio del sanatorio. Lo hacía con torpeza, con demasiada fuerza, como quien levanta una botella vacía que un segundo antes creía llena.

La cabeza de Elsa completó la pieza que faltaba en la tétrica escena, y los buenos recuerdos le cerraron la garganta. Era hora de concluir su visita.

Es cierto lo que dicen, pensó mientras regresaba sola al nido vacío. Es difícil que la pareja sobreviva a la pérdida de un hijo.

Y para colmo, como cada tarde desde hacía un par de semanas, ahí estaba otra vez, observándola, ese niño que tanto se parecía a su pequeño. ¿Cómo se las apañaba para entrar en casa? ¿Quién te ha dejado pasar, eh? ¿Quieres que te prepare un zumito de naranja? A mi niño le encantaba el zumo de naranja, con mucha azúcar…

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