África (Carlos Álvarez)

Apenas habían cumplido los dieciocho. Los había de varios países, todos de piel oscura, todos de África. Habían cruzado en patera, me había dicho Tania, mi amiga de la ONG, “buscan trabajo, un mundo mejor”. Era carnaval, febrero, Canarias. Yo había viajado desde Madrid. Tenía un buen trabajo y la vida me iba bien. Recuerdo que compré el botellón para todos, un regalo de bienvenida. Al cabo, ellos no tenían absolutamente nada más que lo puesto y todos éramos jóvenes, era la costumbre, el botellón, la reunión social. Tania me dijo que los muchachos no bebían, eran musulmanes en su mayoría.
Recuerdo que dos horas después bailábamos detrás de las carrozas. Se lo habían bebido todo. No quedaba una sola gota de alcohol. Tania estaba asombrada, quizás molesta: no supe si conmigo o con ellos, quizás se sintió traicionada. Pero, en el fondo, aquellos muchachos nos enseñaron una lección importante. Cuando luchas por todo y no tienes nada, ni comida ni esperanza, dejan de existir los principios.
Me hubiera gustado tener una historia más bonita, palabras hermosas y cándidas, paisajes del continente, sus costas, la sabana, pero esta es la historia real que hizo que me preocupase por África

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