Ámbar (Miguel Ibáñez de la Cuesta)

La princesa de los cabellos de oro se peinaba con un peine de oro y se lavaba los dientes con un cepillo de oro y se cortaba las uñas con unas tijeras de oro.
Así que se casó con un príncipe de oro, que no desentonara. Y fueron felices y comieron perdices de oro. Que les hacían obrar unas extrañas, brillantes, fascinantes funciones fisiológicas. Los científicos aún estudian el resultado.

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