Amor (Cé)

Me encontraba, después de perdida, a ratos contando las líneas discontinuas o guiñándole un ojo al sol de las dos de la tarde, con el pulgar en alto y la lengua fuera.
-No puedes tapar el sol con un solo dedo -me dijo mi madre, igual de pendiente de mí que de la carretera-. Pero bueno, el sol tampoco puede taparte con un solo dedo -añadió.
-El sol es mucho más grande que yo, y que tú, y que toda La Tierra -repliqué confusa.
-Es verdad, el sol es más grande que nosotras -respondió esbozando una animada sonrisa-, pero el sol no tiene dedos.
Al instante se me ocurrieron mil maneras de responder e iniciar un debate de esos que no tienen fin. Como el infinito debate sobre papá o mi decisión de abortar. Pero no lo hice. Tuvo gracia y nos reímos a carcajadas.
Hoy, después de tantos años, me alegro de haber disfrutado de ese último instante con ella; de haber disfrutado de su pésimo -y de algún modo filosófico- sentido del humor.
Ojalá no hubiésemos pasado casi dos años sin hablarnos antes de ese estúpido accidente. Ojalá me viese, esté donde esté, hacer caso de su frase estrella con su nieta:
<<Por seguridad, amor, mantener dentro del alcance de los hijos>>.

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