Ana (Brais Basilio)

Ana sale exhausta de la oficina, en el metro tamborilea sobre el bolso con dos dedos, aprieta el paso para salir de la estación, recorre rauda el supermercado empujando el carro y sube las bolsas
rebosantes a casa, por la escalera. El pulso bulle. Van a dar las 2, apura en tacones hasta la puerta
del colegio, adelantándose al timbre y a algún padre más rezagado. Los pequeños, Alma e Ismael,
se entrecruzan en sus pasos y casi la hacen caer, pero reacciona tras un tropiezo y se endereza.
Siguen revoltosos en la mesa. Mientras Irene lleva a sus hermanos menores a clase, Ana y Manuel
se derrumban sobre la cama, con la pulsión erótica de una escena picante. Hacen el amor en varias
posturas, saltándose la siesta y el postre. A media tarde, Ana se enfunda las mallas metiendo tripa y
se ata los cordones con doble lazo. Corre junto al río hinchando sus pulmones con la brisa del agua,
sudando a raudales durante el regreso, a pie, a casa. Anochece. Besa a sus hijos, acaricia a su
marido, se sienta junto a la ventana y mira, muy quieta, anclada.
– Hoy ha estado agitada, papá, pestañeando mucho.
– Según el médico, pasa a veces en el coma. Pero por desgracia no piensa ni siente, ya no es
mamá.

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