Ana e Inés (Ángeles)

Le gusta ver ese columpio desde la ventana de su cocina. Adora el chirriar de las cadenas cuando el viento las mueve. Ana y ella habían pasado tanto tiempo subidas a él…era su lugar preferido para las confesiones. Ana se balanceaba fuerte, mientras ella prefería un suave balanceo, sin apenas moverse. Ana siempre hablaba de irse del pueblo, conocer mundo, conocer gente…así que a nadie le extrañó que un buen día desapareciera dejando una carta de despedida. Nada se supo de ella. Inés la lloró inconsolable durante meses. Su mejor amiga, su mitad. Imposible dejarla ir. Lo supo cuando Ana aquel día subida al columpio, balanceándose tan alto como sus ganas de volar, le contó sus planes. Le habló de su maleta preparada, del dinero ahorrado, del billete de tren… e Inés, ofuscada, la empujó. Solo quería que se quedara allí con ella. Y lo consiguió. Le costó sudores cavar la profunda zanja donde yace el cuerpo de Ana. Pero lo consiguió. Y Ana no se fue. Ana sigue allí, con ella, hablándole a través del chirriar de las cadenas del columpio, cuando el viento las mueve.

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