Anciano mala conducta (Luis Carvajal Belisario)

No puede estarse quieto, ni aun en su condición. Evaristo, mi abuelo, siempre ha tenido un sentido del humor retorcido, por eso nunca deja de jugarle bromas pesadas a cualquier pendejo que se descuide, empezando por mí. Pero luego de lo que sucedió,  pareciera que ha recargado sus baterías. Ni aun en su situación se apacigua. Desordena la casa, esconde las cosas o las cambia de lugar, tira las puertas… Hasta mis revistas Playboy las encuentro por allí regadas. Y durante la  noche es cuando más intenso se pone.  Ayer casi enloquecí buscando mis gafas. ¡Viejo bribón!…  No entiende que ya debería aplacarse, que no anda para esos menesteres. Hoy, al llegar a casa, con solo percibir el aroma fuerte y amaderado que impregnaba el salón, supe que se había “bañado” con mi perfume… No es que no lo queramos, lo amamos infinitamente, pero ya nos ha jodido demasiado.
Yo creo que desde el más allá lo echan a cada rato porque ya no se lo aguantan… O quizás  para evitar que corrompa a los otros difuntos.

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