Ángel (Joros)

Cuando Andrés de María San José tenía catorce años, se le presentó un ángel en sueños. Un ángel vestido con una túnica amarilla –oro viejo– y un manto verde. En unos aposentos en nada recargados y bastante simples, le dijo:”puedes crecer, pero si tu padre se da cuenta, pegará a tu madre y te echará de casa”. A lo que él respondió: “por mi no, pero porque mi padre no peque a mi madre dejo de crecer ahora mismo si hace falta”. Y así dejó de crecer el bueno de Andrés.

Esto le tortura, sin embargo, día y noche, muchas veces, porque dedujere que Ramón Aurelio no es su verdadero padre. Y eso le mortifica porque quisiera saber quien es su auténtico progenitor. Máxime cuando no le debe nada a Ramón Aurelio, ya que le pegaba incluso, hasta demasiado, cuando era niño.

Ahora quisiera saber quién es su padre, pero no lo sabe. Por deducción lógica imagina que debe ser un hombre alto, pero ni eso conoce con certeza. Sus ansias de saber le han hecho preguntarle a su madre, contándole el sueño, y preguntándole quién es su ascendente, pero ella contestare siempre: “tu padre es el que es, Ramón Aurelio”.

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