Animal (Virgilio Gonzalo Edesa)

El empleado del Zoológico encontró una nota anónima que decía así:

<< A quien pueda interesarle.
Comencé a ir al gimnasio porque los pantalones empezaban a quedarme estrechos. Yo, que jamás tuve una vida muy activa, empecé a trabajar duro tres veces por semana. Poco a poco me fui habituando y acabé entrenando cada día, a veces un par de sesiones.
Hace unos meses noté una necesidad poco corriente. Me asaltaba la idea de ejercitar mi cuerpo en un entorno natural. Me apetecía saltar y agacharme, lanzar piedras, tirar y empujar troncos y sobre todo, trepar a los árboles. Noté que mi cuerpo me pedía a gritos que dejase de levantar hierro en un local mal ventilado y con luz fluorescente. Algo dentro de mí estaba despertándose.
Espero que entiendan mi decisión. Dicen que el cuerpo es sabio, pero no tenía demasiado dinero.>>

Una vez leída, el trabajador sospechó que había vuelto a suceder. Acudió raudo a la jaula de los gorilas y contó. Como sospechaba, se había colado otro nuevo.

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