El año del gato (David Vicente)

Con paso torpe, bajaba la angosta escalera, levantaba todos los interruptores de la caja de fusibles y se ofrecía una copa mal medida.

Le gustaba empalmar canciones mientras sus ojos se perdían en la pista de baile sobre la que ahora se estrellaban los desdichados rayos de color que las lámparas proyectaban, y se imaginaba cómo ella se acercaba lentamente a él sorteando formas, hasta que encontrarse los dos y reordenarse el cosmos fuese todo uno.

Y allí quedó, colgado de esa imagen y del silencio que consigo trajo, hasta que el delicioso limbo en el que flotaba se vio interrumpido por una voz y una silueta.

— Perdón. ¿Está abierto?

Como se forma una nube, ella concentró todas y cada una de las volátiles partículas en las que su mente se había convertido, y sus palabras fueron cosquillas que tamborilearon melodías enteras dentro de su pecho.

Digerida la acometida y superado el vértigo, no vaciló. En un plano cenital de cuyos extremos cada uno pendía, pareciendo inclinarse ambos para romper el espacio que les separaba, él respondió.

— No. Márchate.

Cerró la puerta con llave, recogió la aguja y la volvió a posar tras elegir el siguiente disco.

Sonaba ahora El Año del Gato.

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