Aprendiz de Franquestein (David Sánchez León)

Soy Gregorio Samsa respirando Cucal sin poder besar a su hermana al otro lado de la puerta; Calígula tras la muerte de Drusila en un prostíbulo de patricias. No se puede matar a un muerto. No se puede perder lo que nunca ha sido tuyo. Cuando has superado todos los límites del dolor y no puedes sentir otra cosa que miedo animal cuando duelen las cosas que deberían ser buenas o que eran buenas o que lo fueron, todo se confunde, lo real es mentira, y lo único verdadero es el dolor. Cuando has agotado todo el capital de amor y vas mendigando un céntimo de cariño y pagarías a tu asesino el precio simbólico de un euro. Vivir es humo y cenizas. Todo el mundo lleva dentro un aprendiz de Frankestein. Llega un momento en que tu vida no te pertenece. Estás en el mundo aunque no formas parte de él o lo haces en una forma con la que no puedes identificarte. Hace tiempo que me viene a la mente la imagen de Frankestein cuando una niña le ofrece una flor, hace tiempo me siento como Bart Simpson en el capítulo en que puede leer la mente de las personas y la gente le tiene miedo y le da la razón en todo para que no los convierta en cualquier cosa absurda producto de su imaginación.

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