Aquella que en ocasiones me posee (Carmen Andrade)

Aquella, que en ocasiones me posee, cuenta, que partí al mundo en una madrugada de lluvia. Ella no quiso cortar el cordón, yo era de ella. No podía Ser. No debía Ser.
Me arrancaron el sexo el día que me taparon la cara con la falda de un uniforme religioso, teñido de azul, de textura dura, de olor seco, de hilos gordos. Y aún hoy, sigo tapándome la cara al dormir.
Me dividí en dos, la parte que piensa y la parte que siente. De cintura para abajo escondí un corazón que empujaba por defecarse, tal y como se sentía. El miedo nació de noche, a oscuras, putrefacto, olía a humedad. El miedo nació una de esas noches dónde las colchas de verano cubrían camas de invierno, y el diablo venía a verme… En sus gafas, de pie junto a la puerta en el pasillo, se reflejaba la silueta de un dios que habitaba mis pesadillas.
Habitaban miedos, silencios, habitaban escándalos, dolor, verdades, habitaban gritos y desgarros, reproches, bofetadas que no me dieron, pero que yo misma me ocupé de regalarme, golpeando el rostro que odiaba, para que el dolor de la piel fuera más intenso que el del alma.
Abrí los ojos y me pregunté, ¿dónde están los que me aman? Durmiendo, estaban durmiendo.

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