El asceta (Antonio Pérez-Durántez Bayona)

Los samanas nos dedicamos a tres cosas en la vida: pensar, ayunar y esperar. Pensamos en la trascendencia, lo que está más allá de la existencia física y en cómo todas las causas se encadenan. Ayunamos lo justo para sobrevivir, podemos pasar un día con una sola nuez, sentados en la postura adecuada para que nuestros músculos se mantengan en el tono perfecto con el mínimo gasto energético. Nuestra última habilidad es la más difícil de conseguir y al mismo tiempo la más valiosa. Esperar es no esperar, es decir, dejar de desear que algo suceda en un tiempo determinado, abandonar el deseo a su propia realización. Con esta facultad conseguimos que todos nuestros deseos, que son pocos, se realicen. Ahora solo quedamos tres: el primero piensa en nuestra trascendencia, el segundo lleva diez semanas sin comer y yo espero que conmigo termine nuestro clan.

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