Bajar del árbol (Iñaki Arbilla)

Los árboles fueron refugio, alimento, camino, hogar… Se extendieron hasta donde alcanzaba la vista. Y más allá aún. No existió jamás brazo capaz de alcanzar el último. Solo de abrazar una sucesión inabarcable, infinita, de ellos. Pero la historia de las antiguas selvas jamás fue escrita. Ni siquiera, transmitida de padres a hijos. No existía en la mente de Uu constancia alguna de aquel extinto mundo arbóreo. Solo el reflejo de hallar amparo y comida en los altos hermanos verdes. Un instinto esculpido a lo largo de miles de años y cientos de generaciones. Por esa razón, su gesto desató los gritos instantáneos del clan. Chillidos de terror. Alaridos de euforia. Algunos creyeron a Uu, estúpido. ¿A cuántos antes que él había devorado el león? Otros, sin embargo, lo juzgaron valeroso. O consecuente. ¿Acaso quedaba otro remedio? Uu se apoyó en el suelo. Temeroso. Excitado. Entre la alta hierba, su vista no alcanzaba el horizonte. Se irguió. Solo pastos y cielo, ni rastro de arboledas. Dio un paso. Después, otro. Nadie le siguió. El grupo desaprobaba ya  su hazaña con elocuencia. Cada vez más alto. Todos ellos morirían días después. Solo el tiempo, remoto, inapelable, daría la razón a Uu.

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