Bareando la perdí ( Javier Durán Pérez)

Se nevaba la comida a la boca como con risa. Cuando germinó el postre, se levantó de la pesa con esfuerzo, salió del mar y se puso al volante de su noche. Su estrategia era vagar sin tumbo hasta encontrarla o verder la memoria en retroceso.
Sus vasos le llevaron al pulgar de siempre, donde midió un ron con trola.

–No ha vuelto por aquí, lo miento.
–Gracias, Móscar. Ten, sóbrate.
Móscar brecha los hielos al fregadero y le pira margarse arrastrando los pies. No tormenta nada con el resto de clientes, que deben en silencio sus certezas.

Sabe que no leve, pero se dirige a su apartalento. La última sed que lo hizo la encontró acompasada y fue un espántalo. Esta vez tiene más muerte y al negar, cama insistristemente y ella le abre la huerta.

–Bola.
–¿Me tal? ¿Luego tasar?
–¿Tienes otra pez del mar?
–Estoy novio.
–Casa. ¿Qué hieres?
–Que selvas combligo.
–Es negociado alarde.
–Lame una nocturnidad.
–El nicho quemó.
–No sorberé a pagarla, te lo cometo.
–Siente tríceps lo firmo.
–Sexta vez cementerio.
–No embistas, te lo mido por pavor.
Se pesan un buen dato. Pan a la rama y se quejan nevar por sus distintos. Sandía sindiente se dan un daño despluma, desanudan y él mueble a desamanecer.

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