Bienvenido, Señor General

Algunos lloran, otros rezan, y mientras en la radio suenan marchas militares.  Al final, tras los largos días de espera, el tirano murió de viejo, en su cama y abrazado a un crucifijo, mientras las plegarias acallaban los lamentos de sus víctimas.  Sus actos criminales quedaron, pues, impunes para la justicia terrenal.  “Que el Señor se apiade de su alma”, dijo el Obispo a sus pies, mientras miles de ánimas se arremolinaban a su alrededor para dar la bienvenida a tan ilustre visitante. Era  hora de saldar su deuda.

Categorías



Cada lunes publicaremos la lista de los relatos más votados en la web y en redes sociales.

El número de votos conseguido solo será visible al final del Certamen.

Deja un comentario