Biología (Cristina Cifuentes Bayo)

Miró de reojo la puerta del apartamento a través del espejo en el que contemplaba el prodigio. Tal y como estaba previsto, las ramas se extendían ya por todo su cuerpo, incluso algunos brotes tiernos empezaban a surgir de sus dedos.
Tiró el ramo de flores anaranjadas a la basura. Si no se había equivocado de fórmula, mañana su mujer recibiría un ramo de rosas amarillas. Era importante que no sospechase nada. Recostado en el sofá, frente a la ventana, contempló satisfecho una puesta de sol.
Las yemas florecían en su piel. Se tomó tres gotas del siguiente frasco y cruzó al otro lado del espejo, recuperando su aspecto normal. Frotó el cristal a conciencia para no dejar rastro de vaho y que ella no descubriera su secreto. Ese fue su error: demasiada limpieza. Ahora su mujer lo riega, lo abona y lo poda en invierno.
El negocio de las rosas de colores es el más floreciente del barrio.

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