Bob Dylan (Ícaro Carrillo)

Volvía a casa una noche más. Cansado, como siempre. Conduciendo de forma automática, como siempre. Con un buen disco, como siempre y sin nadie en la carretera, como siempre. Absolutamente todo era como siempre. Todo excepto que, de repente, tuvo la ligera impresión de que el camino se estaba haciendo más largo que de costumbre. Debería de haber llegado ya pero seguía en la misma carretera de la cual conocía cada palmo. Además estaba casi seguro de que la última canción había sonado, al menos, tres veces seguidas.

A la mañana siguiente lo encontraron rígido, pálido y sin pulso entre un amasijo de hierros y cristales rotos.

Dylan todavía seguía cantando “Hurricane” en bucle.

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