Bodegón (oscar millán vivancos)

Entonces todo cambió, acelerándose.
Solamente cabría recorrer los cinco pisos que lo separaban de la acera gris.
Cerró sus ojos, llenos de lágrimas, por última vez.
Su ex-mujer yacía muerta en la cocina. Las cuchilladas se habían encargado de ello. Había algunas frutas esparcidas por el suelo y cristales de una botella de vino, huellas del forcejeo, de la intensa pelea que hubo durante la última hora.
Ella, años atrás, le había perdonado los primeros insultos. Nunca denunció sus agresiones físicas. Pero haber sido asesinada no se lo podría perdonar nunca: la existencia de Dios no es algo demostrado.

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