El botón enamorado (Rosario Serra López)

Soy el mayor de seis hermanos gemelos; estamos hechos de nácar y todos nos llamamos Verde, Jaspeado de apellido.
Provenimos de un camisón de invierno. Yo cerraba el cuello; tres de mis hermanos vivían a unos cinco centímetros y los otros dos, allá lejos, en los puños. Nos veíamos casi todas las semanas en la lavadora, después pasábamos unos días en el tendedero. ¡Qué días tan felices!

Nuestro destino era ir de tela en tela.  Después del camisón, vivimos en un traje de chaqueta; tras una hecatombe nocturna,  perdimos a un hermano.
De ahí pasamos a una blusa de satén, porque su joven dueña  se encapricho de nosotros.
Mi destino fue proteger aquel bello escote como guardián de su vergüenza y protector de su pudor.
¡Qué placer indescriptible, sentir como aquellos suaves y finos dedos me deslizaban por el ojal!
Pero la envidia no tardó en mostrarse y una noche, aquella señora encelada, cogió una afilada y puntiaguda tijera dando fin a tan hermoso destino. Salimos volando por los aires hasta la calle. Caímos en el caudal de un riachuelo, que nos llevó al abismo de una alcantarilla, donde quedamos desperdigados en su conducto oscuro, hostil y malolientes aguas fecales.

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