Buen conformar (Carlos Asorey Brey)

Es una visión maravillosa. Ahora sí estoy disfrutando de este fascinante paisaje que me envuelve: montañas que superan en altura a las nubes y el correr del cristalino arroyo, al fondo del barranco, hacia donde me dirijo.
Disfrutando, digo bien; no voy a empañar este goce por la brevedad del momento y sus penosas circunstancias. Quiero llevarme el mejor recuerdo de este magnífico lugar, él no tiene culpa de mi torpeza.
Cuando Juan me habló de la caldera la describió con exactitud, hermosa y salvaje, con sus ventajas e inconvenientes, incluyendo las angostas pistas en las que apenas cabe el todoterreno. Decidí venir solo, como siempre que deseo disfrutar a tope de un paraje natural.
Me queda la pena de no poder decirle a Juan que tenía razón, no había exagerado nada. También me queda alguna otra pena, por supuesto… Pero es igual, no voy a pensar en eso ahora; en general, mi vida ha sido satisfactoria.
Sólo me arrepiento de habérseme ocurrido la estupidez de poner un cedé en plena bajada, ignorando la curva, la arenilla y el sol de frente. Pero, inmerso en tal belleza, me apetecía escuchar a Satie.
Tampoco está mal acabar escuchando una Gymnopédie. Sin duda hay muertes peores.

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