Un buen gourmet (José Luis Najenson)

El Conde Drácula estaba malhumorado. No era porque le faltara alimento -bastante bien se las arreglaba con los extraviados en el Paso de Borgo durante las nevazones- sino porque anhelaba cierto tipo de víctima que a veces escaseaba. Esto lo había descubierto gracias a la radio, que a menudo publicitaba comidas especiales para ellas. Los lobos, que no atacaban a esas personas, y, como es sabido, obedecían al Conde tanto como los vampiros, cuando aparecía alguna la perseguían hasta las inmediaciones del castillo para que su amo pudiera capturarlas. Esas preciosas presas eran los diabéticos. Como buen gourmet, Drácula sabía que no hay cena completa sin postre.

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