Cabanyal, te quiero (Sara)

Recuerdo ese día. Las mejillas tostadas por el sol. El pelo reseco por la brisa del mar. El picor en la espalda por el salitre. Y ese crujir de la arena en mis pies.
Sensaciones que me recuerdan a ti, y al verano. A poder andar despreocupada. A buscar un lugar donde pararme y dejar que las prisas me adelanten. Escapar de la ciudad. Y pasear. A caminar por una calle, por otra y después perderme. Y encontrarme o no, o encontrar el mar.
Me recuerdan a esa plaza. Y a las sombras de los árboles en las aceras y en tus fachadas. A los niños que juegan con ellas. Me recuerdan a tus colores y tus relieves, tus flores, tus curvas y tus líneas. Al sabor dulce, tranquilo, ingenuo. Todas juntas hacen que no importe que se suavicen las sombras y se apague un poco el calor. Que se haga tarde y se haga naranja. Me recuerdan al tacto cálido del ladrillo al sol. Al frío y húmedo de un vaso de cerveza. Al olor del mar cuando tienes tiempo de apreciarlo. Al sabor a sal que queda en tus labios.
Todas juntas me recuerdan a tus puertas, a tus rejas, a tus baldosas, a tus familias, a nuestra historia. Todas juntas me recuerdan a ese día, como cualquier otro, que no tenía nada de especial.

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