A callar (Manuel Sogal)

─ ¡Quién puede escribir con semejante alboroto, a callar, a callar; quiero silencio y estar solo!─, chillaba Vicente, aleteando sus brazos y caminando con una prisa mordida por los rincones de la casa. Los mellizos ante los gritos del padre corrieron despavoridos hacia el patio. El perro dejó de ladrar y veloz se refugió en su pequeña casita de madera. Su mujer acostumbrada a los gruñidos de su marido se encogió de hombros y se encerró en la cocina. El silencio ligeramente se deslizó por cada espacio de la casa. Vicente, calmó su ira y una vez que su rostro se encajó se sentó en su sillón a pensar. Una vez plácido cerró sus ojos, como si fuera un iluminado por la pluma. El pensamiento se mezcló prontamente con el sueño. Pasaron dos horas y nadie se atrevió a despertarlo. El libro que se había comprometido a entregar en un plazo de seis meses ni siquiera teñía la primera hoja. Al despertar brincó del sillón y agitado comenzó a gritar el nombre de su mujer, corrió hacia el dormitorio y saltó sobre ella, su mujer aturdida despertó con sobresalto. ─ ¡Mujer, mujer, tuve una pesadilla horrible!, soñé que tú y los niños ya no estaban, y mi única compañía eran la soledad y el silencio─.

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