Calles sucias (Adrián Romeo)

Parece otra vida la que vivo ahora en Barcelona, preocupado por la ausencia de dinero, paseando por la ciudad de madrugada más mirando al suelo en busca de algún billete perdido que buscando clientes para el puticlub. Qué sucia y qué triste es Barcelona este verano. Ayer caminaba por el gótico y vi a una adolescente muy guapa y desaliñada sentada junto a su madre en la esquina de un portal. No tenían a dónde ir. Cuando estoy triste por mi pobreza y mi perspectiva de futuro es negra siempre pienso en los verdaderos vagabundos, quienes quizá algún día estaban como estoy yo ahora, pero ellos no podían recurrir a sus padres ni a un buen amigo que les diese cobijo temporalmente. Los verdaderos vagabundos no pueden permitirse soñar, no pueden permitirse pensar en el futuro nunca, sólo beber y observar a la gente que pasea y ríe o frunce el ceño ,y hace planes y bromea o discute con la pareja, y bebe café mientras va al trabajo y se mira en los cristales de los escaparates para arreglarse el pelo, o corre y llega tarde por las calles en las que ellos duermen pero nunca se arreglan el pelo ni hacen planes ni corren ni llegan tarde, porque no tienen a dónde ir ni nadie que les espere.

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