¿Cama doble? ¡Nunca! (Velda Rae)

Laval concentraba la energía de una bomba termobárica en metro noventa de estructura ósea perfecta. Todas mis amigas se enamoraron de él y a todas las degustó en nuestra cama, modelo sueño balinés, de ancho especial y cabecero de teca maciza con luz integrada, que elegimos juntos pero pagué yo sola. Lo que demostró que soy imbécil, que mis amigas no son de fiar, y que tengo que comprar un modelo individual donde no quepa tanta gente.

El día que una gastroenteritis virulenta me devolvió a casa antes de lo previsto, comprobé que un trío con dos mujeres es la fantasía de todo hombre y que algunos hasta la hacen realidad en mi cama.

La noche siguiente añadí un cóctel de viagra y somníferos al vino de su cena. Se quedó dormido en mitad de una frase, tumbado en aquel maldito lecho que yo estaba deseando convertir en leña para la chimenea. Desnudo, le até un lazo rojo alrededor de su miembro más generoso y lo arrastré hasta el ascensor. Lo abandoné en mitad de la calle con un letrero sobre el pecho: Si tú pones la cama, yo pongo todo lo demás.

Fue el video más descargado de la semana en YouTube.

Ahora duermo en un futón lacado en wengué talla XS, hecho a medida.

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