El capullo de seda (José María Mirete Hernández)

¿Por qué no hace nada? El niño llora desesperado sobre sus muslos. Me inquieta la indiferencia del tipo.
No puedo soportar la frialdad de su mirada. Ni el morado cada vez más oscuro de la piel del niño.
Miro con odio a los ojos del canalla. No reacciona. Sigue sin parpadear con la mirada perdida y el rostro petrificado.
El color de sus ojos es dispar. El izquierdo es azul y el derecho verde.
¿Qué relación tiene el tipo con el niño? ¿Puede un padre comportarse así? Quizá esté loco.
Me anegan el ánimo ganas de intervenir. Pero algo dentro de mí me frena. Me siento culpable. Quiero gritar ¡coño, cabrón, haz algo! Pero mis cuerdas vocales no vibran.
Me envuelve la angustia como la seda a un gusano. Me siento un gusano. Un tupido capullo de seda negra me va envolviendo. Pienso en una gigantesca araña girándome mientras babea su hilo. Pierdo campo visual.
Antes que las crecientes oleadas de angustia me impidan ver, miro los ojos ya secos del niño. El iris izquierdo es de color azul y el derecho verde.
Ya en mi propia oscuridad, pienso tengo el ojo izquierdo de color azul y el derecho verde.

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