Casi perfecta (Alexandra Ispierto Pelazas)

Pablo lleva una vida envidiable. Se levanta cada mañana con el desayuno preparado, con la ropa limpia, con el polvo de la casa quitado, con la comida hecha.
Por la tarde se levanta de su siesta de dos horas, coge a su perro, lo pasea con calma porque no tiene prisa por llegar a casa. Nunca llegará tarde a su trabajo, nunca queda con nadie.
Todas las noches enciende su ordenador, tiene millones de amigos. Su Instagram lo siguen miles de mujeres que quieren parecerse a él.
Cuando cierra la pantalla, coge su móvil, cuando se cansa, su Tablet. Sus hijos juegan tranquilamente con su niñera, hasta que llega él.
Pablo entonces se levanta corriendo para preparar el desayuno, le besa, sin recibir nada a cambio y  empieza a cocinar, empieza a barrer, empieza a limpiar el polvo.
En su Instagram trata de enseñar cómo maquillar un golpe, cómo hacer de su desgracia un canal de efectos especiales.
Pablo  lleva una vida llena de miedo, una vida llena de odio.
Pablo se dejó de levantar una mañana, quedó recostado en el suelo, con la pantalla del ordenador encendida. En su última foto, que subió la noche anterior, parecía llevar una vida envidiable.

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