El castillo de arena (Lucía Alcázar)

Cuando el niño terminó de construir el castillo de arena a orillas del mar, una ola llegó hasta la muralla y a punto estuvo de derribarla. El niño reforzó esa muralla y después, desoyendo los gritos de su madre que le llamaba para comer, desde la lejanía, se internó en su castillo.
Desde la torre más alta podía ver Osiis, un pueblo cuya principal característica era que su suelo estaba repleto de agujeros, de donde salían seres pequeños con cabeza de ratón y cuerpo humano. Esparcían una sustancia que al alba se transformaba en un dulce alimento de color blanco.
Esos seres sólo se comunicaban por señas y así el niño se enteró de que en el pasado habían luchado entre ellos. Los que sobrevivieron juraron no volver a hacerlo nunca más.
El niño se quedó en Osiis dos años, hasta que cumplió los ocho años.

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