Caza de muñecas (Evangelina Gutiérrez Fernandez)

El camión donde la trasladaron se hizo gigante de repente, como el resto de objetos que crecía a su lado y el inmenso almacén donde la dejaron guardada -sin que nadie pudiese evitarlo- como si todo formara parte de un inabarcable decorado. Su piel transmutó al plástico y sus ojos se volvieron de cristal: quiso gritar reivindicando su humanidad, pero ya estaba muda y diminuta para entonces, una gran mano la levantó en el aire y la sentó junto al resto de muñecas del escaparate. Ahora sólo quedaba que alguien se enamorase de ella, aunque sólo fuera por un instante, y pagase un precio por tenerla.
Un hombre gigantesco se interesó por la muñeca rubia, preguntó qué cosas hacía y cuánto costaba; le dijeron que era rusa, y que no hablaba, pero que si le daba cuerda hasta podía desvestirse sola. El coste no era de los más bajos, porque estaba nueva, y no la había usado nadie todavía. El hombre asintió convencido, la metieron en una caja de regalo y se la entregaron sin más preguntas: espero que le guste, le dijeron, ya sabe donde encontrarnos si necesita otra.
Ella quiso llorar pero las lágrimas no le saldrían ni siquiera al darle cuerda.

Categorías



Cada lunes publicaremos la lista de los relatos más votados en la web y en redes sociales.

El número de votos conseguido solo será visible al final del Certamen.

Deja un comentario