A Dios Mamá

Fue un 26 de mayo, cuando a la 1 y 45 de la tarde repicaron las campanas anunciando el fallecimiento de doña Isabel, a los ochenta y seis años dejó de existir, se fue igual que la luna se va del alba, igual que la sombra deja los rayos del sol y queda el vacío en el corazón de aquellas que la amaron y la seguirán amando.
Mi pena crece en el silencio y no soporto su ausencia mirando el vacío de la noche, cuanto me cuesta ver la realidad; cuán grande es el cielo e inmensa la eternidad y el alma de mi madre guía cada uno de nuestros caminos. Son cinco corazones desolados. Qué largo se hace el día y que larga la noche, que pesado es el tiempo esperando en el sueño ver a mi vieja, me falta su presencia, sus consejos, su voz, su característica risa, los reclamos cuando llegaba del colegio una nota de mala lección.
“Cuán grande es la pena y el sufrimiento encerrados en el sentimiento de los cinco hermanos”
Repican las campanas, anuncian la misa de cuerpo presente, luego el cura despide el cuerpo de quien en vida se llamó… han salido del templo allí van acompañando en procesión la caja donde descansa la madre, la heroína de mil batallas, el Arcángel con sus alas abiertas cubriendo a sus hijos de los peligros de las tormentas de la vida.
¿Qué hace mamá? ¿tienen límite sus preocupaciones? ¿tiene límite su amor por nosotros?
Gracias por lo que nos dio.

Autor

Nombre: Mario Flores Noboa

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1 comentario
  1. Profundo y bello relato. Muy logrado.

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