A medianoche

Cada noche, entre las 23:59h y las 0:01h, hay un minuto completamente vacío. Poca gente sabe que ese espacio de tiempo no existe, que nuestras actividades, pensamientos y sentimientos quedan entonces suspendidos como motas de polvo atrapadas en una tela de araña. Nos pasa tan desapercibido como la recuperación, un minuto después, de nuestra actividad normal: dormir, leer, hacer el amor, ver televisión…
Ese es el momento que he escogido para escribir mi novela. Hace tiempo que tengo una historia sobre nada en la cabeza, con personajes vacíos y diálogos huecos. Se trata de una historia que sólo puedo traducir en palabras inexistentes, y por eso he de hacerlo en el único momento del día en el que la nada es una realidad.
Así, al rozar la medianoche, me siento delante de mi ordenador y dejo que mis dedos acaricien el teclado y que mi mente vague por los recovecos de la catarsis creativa. Cuando el reloj se pone a cero cierro los ojos y, al volver a abrirlos, veo una espléndida página en blanco, cada una un prodigio de la narrativa. Llevo ya cincuenta y dos y mi novela será, sin duda, un éxito.

Autor

Nombre: Esther Gago

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