A salvo

El agua era su infinito, libertad en un mundo de delfines y sueños de coral. Zambullía su mente en el recuerdo de aquella sirena que le hizo feliz, adivinando su sonrisa tras el tubo de buceo. Fue una inmersión larga la de aquella mañana en la que la nada, la nada del caos, le esperaba en la superficie.

El silencio planeaba sobre un paisaje arrasado sin previo aviso. El tsunami le ignoró en su camino a la orilla, haciendo desaparecer aquel paraíso que fue su hogar de vacaciones bajo una gran ola de furia. Los troncos de las casas destrozadas flotaban junto a los cuerpos anónimos. La inercia le llevó a tierra firme, sorteando la muerte en un camino a la deriva.

En los días siguientes los informativos de todo el mundo le acompañaron en su búsqueda de un nuevo pasaporte, ropa prestada y un billete de avión. El vacío se instaló en su corazón y las lágrimas brotaron en el vuelo de vuelta a casa.

Algunos días, como hoy, tiraba su corbata en el pasillo, se despojaba de su vida y corría a sumergirse en la bañera. Cerraba los ojos y, de nuevo, el infinito. Se hundía en el agua para asistir a la cita con su amor entre esponjas y los atolones. De pronto, aquella rama que le obligó a salir a flote volvía a golpear su memoria.

Sacó la cabeza, respiró hondo. De nuevo, el silencio aterrador. Era sólo una bañera, sólo un cuarto lleno de vapor, su reflejo en el espejo le gritaba que estaba a salvo, mientras su alma trataba de recomponerse sin un abrazo que le dijera "Todo está bien".

Autor

Nombre: Ana Maria Val

6

43

Deja un comentario

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies