A su imagen y semejanza

Aquello no era como lo había imaginado. El dolor y el sufrimiento era lo único que allí reinaba. Y se perpetuaba. Él se sabía responsable. Hubo un tiempo en el que parecía que llegarían a buen puerto. Incluso le dedicaban nombres y altares. Le escuchaban atentamente. Pero él no les habló. ¿Por vanidad? ¿Por soberbia? Quién sabe. Quizás fuese simplemente, demasiado humano. Esta vez sería él mismo quien cargara con el pecado de los hombres y para ello aceptó su culpa. Apago el sol y la tierra se oscureció. Cerró los ojos y desapareció.

Autor

Nombre: A.Platero

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