A veces se desviste

Por el rabillo de su ojo izquierdo percibió un reflejo. Necesitó entonces volverse. Retrocedió y paró frente a sí misma en el espejo de su dormitorio. Se miró con hondura por un instante. Entonces supo muy bien qué hacer. Se quitó la blusa con cuidado de no desmaquillarse, se quitó el sujetador de blondas, se quitó con ternura el corazón y lo colocó suavemente sobre un fular en la cómoda. Volvió a vestirse y se roció una gotas extra de su agua de colonia favorita en el cuello. Cogió su bolso, cerró luego la puerta y salió a la calle. Comprobó que, tal y como suponía, sentía un gran alivio y por un segundo se supo segura y feliz. Sin miedo.

Autor

Nombre: Mercedes Méndez

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3 comentarios
  1. Espectacular. Enhorabuena..

  2. Que precioso, lo que se cuenta y lo que deja libre a la imaginación.
    El Moreno

  3. Muy bonito Mercedes!! Suerte!!

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