Ad eternum

Subió los diez pisos hasta la azotea y, sin apenas resuello, llamó a la puerta.
-Disculpe – dijo la mujer -. Acabo de morir, ¿es usted San Pedro?
-Ya te gustaría – respondió el hombre, empujándola de nuevo hacia las escaleras.
La mujer cayó rodando hasta la planta baja, después se incorporó, recompuso su ropa y volvió a subir los diez pisos hasta la azotea. Allí, sin apenas resuello, llamó a la puerta.

Autor

Nombre: Raúl Clavero Blázquez

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