Agujas de tarde

Tu tarde se escucha indescifrable y seductora. Movimientos cíclicos la empujan y la paralizan. Solo por sus sonidos se cuelan tus motivos. El tiempo y tu ritmo.

Dos agujas de dos relojes juegan a alcanzarse. Como no pueden encontrarse giran y gritan de la cocina al comedor. En la mesa, entre tu sillón de caña y mi silla vieja, cada segundo atrapado se duplica y se confunde con su retrato.
Las agujas de tu tejido sí lo logran. Se chocan al hamacarse entre nueve dedos chuecos.
Ellas ganan.

Una tos. El agua hirviendo. La tetera que choca con la mesa. El líquido que cae y se rinde frente a la taza. Un sorbido.

Palabras herméticas se empujan contra el fondo de tu silencio. Lo atraviesan sin romperlo.

Tus agujas dejan de chocarse. El sillón de caña se arrastra. Tus pasos esponjosos copian el juego de los relojes.
Mi silla rechina.
La puerta de chapa se abre.

Ya no escucho nada. Ya no juegan tus relojes.

Choco con tu taza. Compruebo que en su silencio todavía flotan tus palabras. Me paro en su borde tibio. Me asusta y me impulsa el calor que dejaste. Todavía hierve.
No abro los ojos.
Salto y me zambullo en el té que besaste.
Secaré en el asa tus palabras para volver a escucharlas.

Autor

Nombre: Julieta Hansen

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