Al rescate

No la oyó llegar y de pronto la vio a su lado, mirando fijamente con sus pequeños ojos cómo su madre escribía en el cuaderno azul.
- ¿Es divertido lo que estás escribiendo?
- ¿Divertido? No, diría que no.
- ¿Por qué no escribes cosas alegres?
- No sé, la alegría se me escurre entre los dedos.
- ¿Y sobre qué escribes?
- Buff (se encogió de hombros), difícil de explicar. Escribo sobre aquello que no hay forma de soltar lastre.
- ¿Como qué?
- Cuánto preguntas hoy, chiquita. ¿Por qué quieres saberlo?
- Por entender las cosas de mayores. Entonces, dime.
- Pues... cosas como la desazón reincidente.
- ¿Desazón? No sé qué es eso.
- Bueno, eres pequeña aún.
- ¿Y esa desazón te pone triste?
- Podría decirse que sí.
- ¿Y qué te pone alegre? ¿Algo habrá que te anime cuando te ataca la desazón ésa?
- Hummm... Escucharte reír siempre me alegra y me calienta el corazón.
- Pues avísame cuando lo necesites y vendré a rescatarte.
- Gracias peque, lo tendré en cuenta.
- De nada. Es que no me gusta verte triste.

Y salió de la habitación canturreando y dando brincos, inconsciente de todo lo que había desatado.
Pero antes de marcharse del todo, se volvió y sin perder la sonrisa dijo: “Alguna vez puedes escribir sobre mí, seguro que te sale algo alegre".
Y ahora sí desapareció de su vista. Y se le llenaron los ojos de lágrimas y felicidad.

Autor

Nombre: Amaia

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