Alzheimer

Aún quedan algunos muebles: una mesilla desvencijada, una silla de enea, un somier oxidado... Las paredes están apulgaradas y el papel pintado descolgado de ellas como tiras de piel arrancada en doloroso suplicio… Bajo sus pies está la losa. Seguro que los visitadores de casas abandonadas no descubrieron el secreto. Y efectivamente, no lo hicieron, porque acaba de levantarla y ahí está, en el escondite secreto, la cajita de chapa donde guarda su tesoro: cromos, una navaja multiusos, canicas multicolores, imanes con su misterio de atracción y repelencia, exóticos minerales, la colección de sellos de países del mundo… Son los tesoros de un niño. Es por eso que ha retornado en busca de los retazos del pasado que lo mantiene conectado al mundo, cada vez más ajeno y desdibujado.
No sabe cómo volver a la residencia de la que se ha escapado, pero recuerda los motivos de los sellos sin necesidad de mirarlos. Sabe que en el de Rusia, por ejemplo, sobre un cielo garzo se yergue el Kremlin con sus cúpulas doradas… No recuerda cómo se llama, pero sí el nombre del maestro que tuvo en tercero de primaria o la alineación de su equipo de fútbol en 1954. Son los únicos recuerdos que perviven en su memoria mutilada.

Autor

Nombre: Francisco Javier Guerra del Río

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1 comentario
  1. Me ha gustado el microrrelato y la manera de trata un tema comoes el del alzheimer

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