Amantísame

Dejó que la hipnotizara con sus mil pares de ojos.
Se entregó a esas manos que le atenazaban la respiración.
La emborrachaba el perfume de su piel.
No le importó sentir cerca a la muerte estando en sus brazos.
Su voz le esfumaba el intelecto.
Dejó que devorara su voluntad y que succionara su energía.
Su presencia le licuaba las entrañas.
Había leído que el centro del placer se encuentra muy cerca del centro del dolor.
Cuando él le hurgó el alma,
ella pensó que era amor.

Autor

Nombre: Griselda Tessone

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