Arrullo

Hay demasiada luz. Me molesta. Aprieto los ojos pero siento la claridad en la pupila, que se me retrae. Me levanto con fastidio porque enseguida pierdo el sueño. Cierro la chirriante persiana hasta abajo. Ahora mejor. Se me desvanece la nebulosa del duermevela, intento aferrarla, no quiero despertarme aún, empiezo a ponerme nerviosa. Me tiemblan las manos cuando bebo el agua con la pastilla, se me caen unas gotas en el dorso. Resbalan por mi piel áspera y macilenta, y se absorben en el tejido floreado de las sábanas. Estas sábanas horribles. Me acuno acurrucada entre las mantas, me canto una nana entre susurros. Es la nana que me inventé para él. Recupero poco a poco la calma, la oscuridad me arropa y me gusta. Canto la nana. No existe otra canción de cuna como ésta. Es sólo nuestra. En el último trayecto del camino me la dejó a mí. “Guárdala tú, mami, yo ya me la sé”. Y yo se la guardo. Y se la llevo en mis sueños para que no se nos olvide. Me acuno. Le arrullo. Le canto.

Autor

Nombre: MARIA CONCEPCIÓN PELÁEZ MATEOS

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