Atmósfera transformadora

Reflejaba brillantes colores en su elegante descenso mientras el sol se escondía tras las nubes. Un arco multicolor se desvanecía.
La solitaria gota vuelve a brillar inesperadamente emanando coloridos destellos. Un nuevo arco busca entusiasmada decepcionándose al tratarse de un rótulo luminoso. 360 grados panorámicos a su alrededor muestran altos edificios en una selva de piedra gris y triste. El viento la sorprende y desvía lateralmente precipitándose en la mejilla de un bello rostro. Bajo preciosos ojos, sobre la cálida piel, siente extasiada una extraña y envolvente sensación. Brotan celos de otras afortunadas gotas que, como ella, recorren ahora las comisuras de unos rojos labios. Por otro lado se alegra puesto que, unida a ellas, percibe con más amplitud la dulce sensación.
La simple gota, una partícula de agua suspendida en una blanca nube, convertida en lluvia a través del frío, visualiza su destino transformada en lágrima. El bonito reflejo de una sonrisa la ilumina en el gentil final de su caída. Arrastrada por el imprevisible rumbo, por el negro y rugoso asfalto, reza para comenzar de nuevo su ciclo. Le pide a dios que salga el sol, que vuelva a llover, que nunca cierre ese continuo, que ese sea su destino. Necesita el cálido y dulce tacto de aquel rostro, envolver los poros de su piel, impregnarlo sin fragancias, limpio y puro como el agua que es, limpio y puro como aquel primer beso.

Autor

Nombre: Juan Carlos Millán Fernández

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