Batacazo

Los copos de nieve formando una alfombra blanca en la calle Siebenstern; las luces amarillentas de las farolas creando sombras dignas de bodegón; y ella, caminando lentamente protegida por su bufanda y gorro rojos. Por fin llegó a la cafetería acordada: un espacio grande rodeado de amplias cristaleras y poblado por mesas de estilos variopintos. Y allí estaba él, en una esquina, absorto en su inmenso móvil. Le reconoció al momento a pesar de ser la primera vez que se veían.
Las citas a ciegas pueden ser incómodas, pero no en este caso, donde gracias a la abundancia de vino, y a temas universales, como Netflix o experiencias Tinder, la conversación fluyó. Él era atractivo, simpático, alternativo. Pero a pesar de todos los aspectos a favor, enseguida descubrió que no estaban hechos el uno para el otro. Aun así, decidió darle una oportunidad a la velada. A medida que transcurrían las horas, y las copas, ella empezó a verle como una potencial historia de una noche. Pero el brillo cálido en sus ojos, y su sonrisa entrañable le hacían dudar: ¿iba a crearle falsas expectativas a este hombre por unas banales horas de sexo?
Pues sí, se dijo. Decidida, volvió del servicio, tan silenciosamente que él no se percató cuando ella leyó por encima de su hombro cómo él fijaba en su inmenso móvil su siguiente cita, para dentro de media hora. No llegó ni a sentarse. Se embutió en su bufanda y gorro rojos y salió, indignada y sin pagar, a la fría noche. Al menos había parado de nevar….

Autor

Nombre: La Chica de Viena

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